miércoles, 18 de febrero de 2015

Low Cost: "¿Los negocios del futuro?"



Hace unos años se empezaba a ver negocios que se llamaban: “todo a cien”, era cuando todavía existía la peseta en nuestras vidas. La idea era que podías encontrar artículos cuyo precio no superaban esa cifra. Más adelante, con el euro, se cambió al “todo a un euro”, ya que se percibía como de igual valor o precio.
Pero poco a poco, empezaron a aflorar negocios, los cuales se bautizaron como: “los chinos”. Establecimientos dónde supuestamente podrías encontrar, a muy bajo precio, cosas interesantes, sin embargo, la calidad no es su punto fuerte. Y ya es parte del paisaje urbano de nuestros barrios, y en muchas ciudades del mundo.
A partir de 1985, en Dublín, se fundó una aerolínea que cambiaría el concepto de los viajes en avión. Se llama Ryanair, y podríamos llamarla “como los chinos de las líneas aéreas”, proponiendo unos precios muy baratos para viajes de corta duración, no solo en viajes por España, sino en toda Europa. Pensemos que un vuelo de Madrid a Alicante o Madrid a Dublín, podría costar más de 200€ en cualquier compañía, sin embargo, solo has de pagar unos 70 si eliges esta empresa irlandesa.
La reacción no se hizo esperar, sobre todo con un público, al cual no le importaba la comodidad, pero si el precio; y si te cobran por ir en avión, igual que si fueras en autobús, elegirías con los ojos cerrados. Aunque, para ser honestos hay algo de gato encerrado, ya que una vez en vuelo, no hay descanso en ofrecer una gran gama de productos al pasajero.
Y este concepto de negocio no es único, ya hay cervecerías, bancos, seguros, peluquerías, abogados, dentistas, moda, electrodomésticos, muebles, coches, telefonía, restaurantes, etc. Casi todos los sectores están implantando este sistema de negocio, pero el interrogante es porque proliferan. Y puede haber muchas respuestas, aunque hay una por encima de todas. LA CRISIS.
El tiempo de los sueldos altos o de los negocios boyantes, y sobre todo los empleos para toda la vida, ya son parte del pasado, de ayer mismo, pero ya es historia y probablemente no vuelva a ocurrir. Por lo tanto, hemos de decidir o mejor dicho, priorizar los gastos, lo que supone buscar opciones más baratas al disponer de menos renta.
No hay más alternativa de sacrificar algo la calidad o renunciar a la fidelidad de la marca, optar por alternativas que se ajusten al presupuesto, y no solo las familias, las empresas también. Este cambio de comportamiento hace que las compañías busquen una marca que satisfaga este tipo de necesidad, creando marcas de bajo coste para seguir manteniendo a la clientela.
Esto lleva al paradigma, que lo que hay que conseguir es vender, facturar. Al ser los precios más bajos, lo serán los márgenes, por lo tanto, hay que conseguir llenar los aviones, los restaurantes, los hoteles, etc., al máximo. Por lo que se necesita una campaña de comunicación muy agresiva. También, hay que calcular los costes al milímetro, con el fin de conseguir la rentabilidad lo antes posible.
Las ofertas de calidad no desaparecerán, pero tendrán menos clientela, y será complicado que todas ellas puedan acceder o vivir del mismo mercado, ya que la mayoría optará, o ha sido obligada a elegir el precio como la única alternativa, con la esperanza de que vengan tiempos mejores.

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