lunes, 13 de octubre de 2014

El ocaso de los dioses.





 Como todos sabemos, el final de las religiones politeístas, es decir, la creencia de la existencia de varios dioses. Para responder a las siempre interrogantes que la humanidad se ha planteado, como el misterio del sol, la lluvia, la noche, el fuego, etc. Hasta que llego la ideología que todo habría sido obra de un solo dios, lo cual conmociono el mundo antiguo. Aunque ese cambio, en fondo, era más sencillo, al venerar a un solo creador, en vez de un sinfín de personajes, a los cuales hoy en día se les sigue dando culto en algunas zonas del mundo, como por ejemplo en la India.

En la economía, siempre ha existido diferentes escuelas o teorías, las cuales tienen sus devotos, defensores, incluso fanáticos, los cuales pueden llegar a defender sus tesis, como de si una religión se tratara.
Hasta ahora, parecía que eran dos las vías que más seguidores tenía, una basada en la economía planificada, y otra en la libertad de los mercados. Estas filosofías tan antagonistas tuvo su espejo en la llamada guerra fría, que no era otra cosa que el gran conflicto que surgió en entre ambas, después de la segunda guerra mundial.
Cada una defendía sus argumentos con los resultados en la mano, utilizando cualquier medio mediático, deportivo o económico, para ridiculizar al rival. Aunque cada una de ellas, tenía sus virtudes y sus defectos. Y lo que empezó como una contienda intelectual, termino calando en todos los estratos de la sociedad, pero con la consabida manipulación de la información. Para que los mensajes fuera fácilmente entendidos para el resto de la población, tal y como se realizan en algunas religiones, que intentan facilitar o traducir los escritos de los libros sagrados, para poder ser asimilados por todos. Al final, hubo un vencedor, la linea liberal, la cual defendía, a grandes rasgos, que los mercados se autorregulaban, y en consecuencia la economía sería más justa, a la vez que estable. Sin embargo, al través del tiempo, hemos comprado que no es del todo así.
En estos últimos tiempos, la sociedad ha seguido progresando, y necesita que los mensajes se adecuen a la realidad, la realidad de los acontecimientos. Ya no sirven recetas adulteradas o digeridas para una mayoría. En gran parte por culpa de las nuevas tecnologías, las cuales pueden difundir las ideas y las reflexiones a cualquier lugar del mundo, y en cualquier momento.
Necesitamos ideologías realistas, creíbles, no enfocadas en el pasado, sino coherentes con el presente y sobre todo con visión de futuro. No ya como la consecuencia de una evolución intelectual, sino por la necesidad imperiosa de satisfacer a una población, cada vez más numerosa, de respuestas que se traduzcan con hechos. Ya no sirve (respetando todas las creencias), que los dioses o creadores hagan su voluntad y los demás tengamos que acatarlas. Somos nosotros los que en la mayoría de las ocasiones, directa o indirectamente, marcamos las líneas de nuestro destino.
No es de recibo que hoy en día, tengamos que sufrir las decisiones arbitrarias de una serie de dioses económicos, los cuales deciden más por su propio beneficio, en vez de satisfacer las necesidades de una sociedad, a las cuales prometieron defender.
Estos dioses, suelen alternarse en el poder, cada uno con un discurso diferente al resto, aunque, sospechosamente, obtienen parecidos resultados, o parecen responder a los mismos intereses.
Los habitantes, los ciudadanos, la humanidad en general, demanda dirigentes terrenales, los cuales no terminen endiosándose, y encerrándose en sus particulares olimpos. Necesitamos respuestas creíbles, y sobre todo, que también sean responsables de sus propios actos. Porque la humanidad continuamente ha luchado en nombre de dioses o deidades, pero inevitablemente hemos sido los de siempre, los que realmente ha sufrido las consecuencias......

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