martes, 2 de noviembre de 2021

EL GRAN APAGON.

 


Últimamente vemos que los precios de la luz no hacen más que subir sin descanso, cada día supera el registro anterior y todos nos preguntamos el porqué, el dónde o el como hemos llegado a esta situación, mientras tranquilamente vemos la televisión, usamos el ordenador o cargamos el teléfono móvil.

Acostumbrados a un confort de tenerlo todo a mano, todo con gran comodidad, incluso todo el mundo habla de los coches eléctricos, pero después de la gran pandemia nuestra realidad se ha visto tambaleada, se ha visto perturbada por algo que solo lo veíamos en películas apocalípticas, o de ciencia ficción; cuando aparecían zombis por todas partes, que surgieron por tal ejercito depravado o empresas que por pura codicia se pasaron de vueltas.

Y justo ahora que todos somos verdes, ecologistas y pensamos en el medio ambiente, todos preocupados con el cambio climático, pero no pasa nada, ahí tenemos a las renovables, a los molinos de viento, a las placas solares, y todo nuestro mundo garantizado. Teníamos toda la energía disponible, sin tener remordimientos de conciencia, de poder seguir con nuestras comodidades, trabajando desde casa, a causa del COVID 19.

De repente, nos dicen que el gas está por las nubes, que la producción de electricidad no es suficiente, que se ha encarecido porque hemos de acudir a las antiguos formulas contaminantes, como el carbón, el petróleo y el gas, ya que el oriente, con China a la cabeza, juntamente con los compañeros de la India, a los cuales les dimos con la globalización la responsabilidad de ser la gran fabrica del mundo, resulta que ambos al producir barato, no les interesan las renovables, o tecnologías que a corto plazo no son tan rentables.

Nos hablan de un apagón, porque existe el peligro de que no se pueda satisfacer toda la demanda, que no hay electricidad para todos, que incluso podría durar días, o semanas. Volver a la edad media, aunque sea temporalmente, como si el confinamiento hubiera sido solo un ensayo para los que nos viene. Ahí nos ocurren las preguntas de porque nuestros dirigentes no han previsto esta situación, el porque no han invertido en planes de contingencia, por qué descartar la energía nuclear e invertir en como aprovechar sus residuos.

Sin embargo, aparece otro apagón, y no es solo energético, sino de la propia sociedad, la cual, por seguir una huida hacia adelante, ha querido correr más de la cuenta, ha querido vender la piel de un oso, el cual no estaba ni mucho menos cazado. Posiblemente hemos llegado a un ocaso, a un apagón de nuestra sociedad, porque no parece que sepamos a donde vamos, a donde nos dirigimos, a donde va nuestro futuro.

También, pensar que esta nueva situación, solo sea un punto de inflexión hacia una decisión transcendental de nuestra civilización, ya que decidamos, lo que decidamos, hipotecaremos el futuro de las siguientes generaciones. En nuestra mano estará que herencia les dejaremos, porque estaremos a pensar en nuestro bienestar a corto plazo, dejar los cimientos de una estabilidad para los años venideros. Estamos siendo protagonistas de algo importante en la historia de nuestra humanidad, sin embargo, en mi opinión, no soy optimista con el nivel de liderazgo de los dirigentes actuales. Solo nos queda ser además de actores, espectadores de como terminará este capitulo que estamos viviendo, o simplemente, el apagón hará que todo se interrumpa.