miércoles, 4 de marzo de 2015

Los robots no compran



En los últimos tiempos, hay una obsesión por los costes laborales en todo el mundo. Incluso ya se está hablando de la próxima revolución, que será la robótica, la cual ya se utiliza en muchos sectores, sobre todo en el automovilismo, donde realizan tareas repetitivas con absoluta perfección.
Sabemos que la rapidez y la precisión son vitales a la hora de realizar la construcción y/o fabricación, incluso en sitios remotos o peligrosos para cualquier ser humano. Por lo tanto, las ventajas son más que obvias, ya que no hay que abonar salarios, no hacen huelgas, no hacen descansos, y sobre todo, no se van de vacaciones.
Sin embargo, estas ventajas son a todas luces a corto plazo, porque destruiría muchos puestos de trabajo, porque ya no serían rentables. Aunque, paradójicamente, los salarios son parte esencial del circuito económico, sin ellos, gran parte de la población carecería de la suficiente renta para consumir los productos y servicios que necesitan, y las empresas tendrían la situación de, no solo de tener menos costes, sino de la facturación que obtienen a través de sus ventas. Sin entrada de dinero, es imposible generar beneficios.
También se apreciaría otro gran dilema, porque gran parte de los impuestos directos e indirectos se gravan a los trabajadores. Si estos no tienen salarios, los estados no podrían recaudar, por lo tanto, no sería posible optar a los servicios mínimos que la sociedad necesita.
Una solución sería gravar económicamente con impuestos a los robots, como si fueran sus sueldos y esto serviría para obtener los recursos necesarios para mantener a la población, y a la vez, que puedan seguir consumiendo, y de este modo las empresas seguirían facturando, y por lo tanto, seguir siendo rentables.
El problema, será cuales serían esos recargos por usar esta nueva tecnología, porque habría que establecer los límites, porque a nadie se le escapa que estos cargos supondrían un coste, que en algunos países serían más competitivos usando mano de obra humana.
Por otro lado, sabemos que una sociedad totalmente subvencionada, no sería positiva, al no tener que realizar esfuerzo alguno para obtener los sueldos necesarios para sobrevivir, además de aumentar las diferencias sociales.
El progreso, en definitiva, trae consigo sus ventajas, pero también sus inconvenientes. Hemos de ser lo suficientemente inteligentes para saber cómo se van implantar dichos avances y saber adelantarse a los acontecimientos. Ya tenemos experiencias, tales como la revolución industrial, la cual hizo cambiar a la sociedad. Nada volvió a ser como antes, y tampoco los será en la próxima revolución. En nuestras manos estará la responsabilidad de no caer en los mismos errores. Aunque, en mi opinión, siempre solemos cometerlos.