martes, 15 de julio de 2014

El pecado original

Cuando hacíamos a primera comunión o aprendíamos la religión católica, muchos estudiábamos el catecismo, los evangelios, incluso la biblia (el antiguo y nuevo testamento), pero cuando llegaba la parte de la creación, cuando solo estaban Adán y Eva, los cuales osaron comer la manzana del árbol prohibido, cometieron un gran pecado, el cual se denomina “original”.
He aquí que todos estamos en pecado, gracias a la desobediencia cometida en el paraíso, lo cual no deja de ser cuestionable cuando uno empieza a planteárselo, porque creo que la mayoría  hemos razonado: “¿Por qué he de cargar con la culpa de una falta o delito cometido por un antepasado?”. Por un acto de egoísmo tenemos que mantener y pagar esa deuda, la cual hemos de padecer indefinidamente. ¿No parece algo injusto?
Sin entrar en inquisiciones religiosas, las cuales todas son respetables, nos encontramos con multitud de pecados originales; los cuales son herencias para las nuevas generaciones  que quieran o no tendrán que responsabilizarse de las mismas, sea justo o injusto, lo cual nos representa una sensación de que lo importante es lo que ocurre en el presente, sin importar las consecuencias del mañana.
Aunque por nuestros actos seremos enjuiciados o valorados, notamos cierto grado de impunidad en algunas acciones de ciertos colectivos, los cuales se les olvidan sus pecados, o simplemente no tienen que rendir cuentas a la sociedad, y es más, siguen en sus puestos de responsabilidad.
No es culpa de los acreedores, los cuales solo quieren ver recompensados sus esfuerzos, tanto económicos como humanos. Y lo que menos les importa es quienes han de pagarles, lo que les interesa es cobrar esa deuda. Pero cuando chocan con la realidad, que no es otra, que esa deuda es incobrable, entran en la desesperación al ver que ese dinero, que esa compensación, se ha ido al limbo.
Por este motivo, los verdaderos pecadores, saben que si cargan en personas, las cuales no pueden hacer frente a esas exigencias, ellos mantendrán sus grandes ganancias, incluso se protegerán jurídicamente de las consecuencias. Además, usarán la imposibilidad de la población, para atacar a los acreedores por su falta de sensibilidad al intentar recuperar lo que han prestado, proyectando una imagen de ente diabólico que solo busca hundir en la miseria a la población, cuando han sido ellos los que han firmado los documentos para pedir esos créditos.
Pero este círculo vicioso, lejos de ser algo puntual, más bien es general, ya que vamos perdiendo la conciencia de las acciones que realizamos, pueden ser altamente perjudiciales en el futuro, por pensar más en el presente.
No paramos en pensar en el futuro de las siguientes generaciones, de la herencia que les estamos dejando. Por lo general, se suele dejar la tierra en buen estado para que los que vengan delante tenga una oportunidad para sembrar y cosechar su sustento. El problema radica en que cada vez existe menos tierra para cultivar, y no sabemos, o no queremos buscar otras alternativas para los que vengan después.
Observamos a las nuevas generaciones, que cada vez están más apáticas, más desconcertadas, más deprimidas, y se preguntan porque tienen que vivir en un presente duro y un futuro, más bien, negro. Sin embargo, nosotros tuvimos los incentivos del estudio, de la ganas de superación, de la motivación de una nueva etapa llena de oportunidades y libertades. El resultado de los esfuerzos de nuestros progenitores.
Algo habremos hecho mal, porque hemos condenado a las siguientes generaciones a sufrir las consecuencias de nuestros pecados, que como todo pecado original, ellos tendrán que pagarlo, sin ser culpables de haberlo cometido…..

martes, 1 de julio de 2014

El proceso y el resultado



Todo nosotros hemos sido estudiantes y uno sabe, o debe saber las horas que necesita para poder enfrentarse, con algunas garantías, al examen que debe de presentarse. Lo ideal es seguir los siguientes pasos: “entender, comprender y asimilar”. Pero el tiempo utilizado varía según las personas, algunos lo realizan en menos tiempo que otros, demostrándolo, obviamente con los resultados obtenidos. Por eso, cada uno tiene un proceso o método para estudiar, el cual va cambiando a lo largo de la vida, según las dificultades que se vaya teniendo y sobre todo, por las consecuencias tanto positivas como negativas.
En las demás etapas de la vida también hay otros procesos, tales como: las relaciones sociales, profesionales, familiares, etc.; incluso nada más nacer el hombre ya verifica que ciertas acciones tienen unas reacciones en los demás, y aprende rápidamente, aquello que es útil, y lo que no, y sobre todo, se aprecian cambios constantes durante todo su proceso de desarrollo.
Sin embargo. ¿El resultado es parte del proceso o es al revés? Como todo, no hay una respuesta común o categórica, la experiencia  dice que los resultados pueden inspirar nuevos métodos, sin embargo, sin un proceso por mínimo que sea, sería complicado tener un efecto positivo, o lo que es peor, no se sabría el porqué de dicha resolución.
En muchas ocasiones  a algunas personas, generalmente englobadas geográficamente, tiene la fama de abusar de la improvisación ante las adversidades, acudiendo a la creatividad. Por otra parte, otros acuden a la planificación obsesiva de los acontecimientos  sin lugar a la flexibilidad, lo que muchas veces, deja poco espacio ante las dificultades que puedan surgir.
Pero esto no es una ciencia exacta y hemos de ser lo suficientemente pragmáticos para realizar procesos para cada circunstancia o las peculiaridades que tengan los escenarios que surgen en cada momento, o tener la capacidad para adaptarse rápidamente a los imprevistos.
A veces es desesperante, sobre todo en temas económicos, como ciertos procesos, aunque demostradamente han resultado negativos, siguen aplicándose a rajatabla, como si de una cuestión religiosa se tratará, sin ninguna oportunidad a la creatividad. Simplemente porque no se quiere investigar nuevas fórmulas, sobre todo para hacer frente a las nuevas necesidades de la población.
Porque vivimos en un mundo de continuos cambios, los cuales en la mayoría de las ocasiones son difíciles de asimilar, e incluso nos desbordan. Ante estos nuevos retos, no podemos acometerlos como modelos antiguos porque las personas ya no piensan, ni reaccionan de la misma manera. No podemos seguir con los mismos procesos porque sean conocidos, o porque nos sintamos más cómodos, o porque lamentablemente no sabemos usar ningún otro.
Al final, o cambiamos, o el propio entorno nos hará cambiar. Y no olvidemos que los resultados de otros influirán en nuestras formas de hacer las cosas si queremos conseguir las mismas metas, pero no serán eternos en el tiempo, más bien, todo irá mucho más rápido.
Como en la película de la vida, como diría cualquier gran actor: “La improvisación  es buena, siempre y cuando este bajo un guión”. Si sabemos a dónde queremos ir a  parar, no solo es importante el destino que queramos conseguir, sino, que no perdamos de vista el camino que estamos recorriendo, para no salirnos del él.